La discusión ideológica generada en las primeras
décadas del siglo XX a raíz de la crisis de legitimidad del viejo orden
oligárquico, marcó el rumbo de los estudios históricos durante gran parte de la
centuria. Surgió entonces la escuela conservadora,
la que alcanzó un grado de influencia social e ideológica de tal magnitud que
prácticamente monopolizó el debate historio gráfico hasta inicios de
la década de 1960. Sus mayores exponentes, entre ellos Alberto
Edwards, Francisco Antonio Encina y Jaime
Eyzaguirre realizaron una ácida crítica del liberalismo
decimonónico y de las transformaciones sociales que habían ocurrido a partir de
la década de 1920, entendiendo éstas como el resultado de un largo proceso de
decadencia de las instituciones políticas que se había iniciado en el último
tercio de siglo XIX. En diversos grados, los historiadores conservadores
rechazaban la modernidad y postulaban el reemplazo de la democracia
representativa por un régimen autoritario que garantizara el mantenimiento del
orden social y la fe católica.
Desde la década de 1920 Chile comenzó a vivir profundas
transformaciones políticas y sociales así también la economía intentaría responder desde distintos puntos de vista a la urgentes necesidades de una población en constante crecimiento.
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